Ahora sí, ahora no

Jorge era un niño muy alegre al que le gustaba mucho, mucho, jugar, pasar tiempo con sus padres y hacer un montón de cosas. Usaba gafas para ver bien. Estaba en primero de Primaria y le gustaba mucho su Colegio. Todos los días se ponía su uniforme y se iba a pasar el día en el Colegio. Todos los días eran fantásticos, pero de pronto, un día, pasó algo que le hizo pensar mucho… 

Todo comenzó en la primera hora de clase, cuando se preparaban para ir, como cada lunes, a la piscina del Colegio. Jorge estaba hablando con uno de sus amigos cuando de pronto su profesora, le miró muy seria y le dijo: «Jorge, no puedes hablar». Su profesora era muy agradable y Jorge la quería mucho, pero no entendió muy bien por qué no podría hablar. ¿Acaso es malo hablar?  (🔴) Jorge se quedó un poco triste. 

Jorge pensó mucho en lo que había pasado en el pasillo del Colegio cuando su profesora le dijo que no hablara. Pensaba… «pues si hablar está mal, entonces estaré en silencio a partir de ahora. No quiero que me regañen». 

Una vez en clase, después de haber nadado mucho rato, Jorge tenía matemáticas. La profesora estaba explicando cosas nuevas de las sumas y de las restas, cuando de pronto preguntó a Jorge: 

– «A ver Jorge, dime cuánto es 5 + 6». 

Jorge, recordó lo que había pensado mientras nadaba: 

«… si hablar está mal, entonces estaré en silencio a partir de ahora. No quiero que me regañen».  Así que se quedó en silencio. 

Su profesora le miraba esperando a que Jorge diera la respuesta. 
– «Jorge, ¿acaso no sabes cuánto es 5 +6?. 
Jorge tampoco decía nada y parecía que la profesora comenzaba a enfadarse:
– «Jorge, ¿acaso te ha comido la lengua el gato?». 
Jorge seguía sin hablar.
– «¡Jorge me estoy enfadando!», le dijo muy seria la profesora. 

En ese instante Jorge empezó a llorar diciendo:
-«¡Es 11, pero no quiero que me regañes!»

La profesora miró a Jorge muy sorprendida y le dijo:
– «Pero Jorge, si no quieres que te regañe, entonces contesta las preguntas que te estoy haciendo. Tienes que hablar cuando te pregunto». 

Jorge estaba confundido. Pensaba: «Menudo jaleo… primero me regañan por hablar, y ahora me regañan por no hablar…, entonces, ¿está bien hablar o está mal?». No lo tenía nada claro. 

🔮

Después de la clase de Matemáticas fueron al recreo. Jorge estuvo dando vueltas a sus pensamientos sobre si estaba bien o no hablar cuando de pronto sonó el timbre. Tocaba ir al polideportivo a hacer deporte. Ese día iban a hacer unas carreras. Jorge, al llegar a la clase de deporte se sentó a esperar que todo comenzará. Cuando llegó el profesor, miró a Jorge  y le dijo: 
-«¡Pero Jorge, ¿qué haces sentado?» Venga, levántate. 

«¿Es que también está mal sentarse?» Jorge nunca había pensado que le podrían regañar por estar sentado, porque en clase siempre le pedían que estuviera sentado, y claro, él estaba en clase (🔴). Se levantó algo serio y comenzó a correr. ¡Menudo día llevaba!

El resto de las clases pasaron sin más anécdotas de interés. Jorge estuvo muy pensativo todo el rato, hasta que de pronto, llegó la hora de ir al comedor. Allí no sabía si hablar o no, por lo que empezaba a hablar pero cuando un profesor le miraba,  rápidamente se quedaba en silencio. Los amigos de Jorge le miraban algo extrañados. 
-«Jorge, ¿qué te pasa? ¿Por qué te callas de pronto?». 

Jorge ya no sabía qué hacer. Estaba totalmente desconcertado
💍

En el comedor comenzó a llorar. No sabía si podía hablar o no, si podría levantarse o no y eso le hacía sentirse realmente mal, aunque no sabía ponerle nombre a la emoción que estaba viviendo (🔴).

Su profesora, al pasar junto a él le preguntó:
-«Jorge, ¿por qué lloras? ¿qué te pasa?». 

Jorge no le dijo nada. Se limitó a seguir comiendo mientras lloraba. Su profesora le miró con una cara un poco rara, se dio media vuelta y comenzó a caminar hacia el comedor de profesores. En ese mismo momento Jorge recordó que en clase le había dicho que le contestara al hablar, entonces se levantó y comenzó a ir detrás de su profesora:
– «Es que estoy triste, profe…» 
En ese instante, una de las profesoras que cuidaban el comedor, paró a Jorge y le dijo:
-«Pero bueno, Jorge, qué haces corriendo y hablando en vez de estar comiendo. ¡Corre, siéntate y calla!. 

Jorge estaba totalmente desconcertado…

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