Buena suerte o mala suerte

Esta historia ocurrió hace mucho tiempo en una pequeña aldea de campesinos… En ella vivía un anciano llamado Manuel. Él llegó a esa aldea hace más de 40 años. Llegó acompañado de su mujer. 

Construyeron con mucho trabajo y esfuerzo su casa, con sus propias manos.

Una vez con la casa construida, trabajaron muy duro durante años, ayudando a otros a construir sus casas, a arreglar desperfectos y a toda clase de tareas que les encargaban. Trabajaban de sol a sol para ahorrar dinero y poder comprar unos animales con los que ganarse la vida. 

Al cabo de muchos años de esfuerzo, lograron comprarse una vaca y algunas ovejas. Una vez comenzaron a poder ganarse la vida con sus animales, la mujer de Manuel le dijo: “¡Qué suerte tenemos, Manuel!”. Manuel, muy serio, se volvió y le dijo: “Buena suerte o mala suerte… ya veremos”. 

Pocos meses después, nació su primer hijo. Sería el primero de cuatro. Al nacer, sus vecinos fueron a felicitarles y uno de ellos le dijo: “Manuel, que chico más sano, ¡qué suerte!”. Manuel volvió a mirar muy seriamente y le dijo: “Buena suerte o mala suerte, ya veremos”. 

Varios años después, la mujer de Manuel comenzó a enfermar. Una de las ovejas había contraído una enfermedad que contagió a la mujer. Poco tiempo después, todos los animales de Manuel estaban enfermos… A los pocos días murieron todos, y su mujer también. Los vecinos se acercaron a dar el pésame a Manuel y le decían: “¡Qué mala suerte Manuel!, lo sentimos mucho”. Pero él siempre decía: “Buena suerte o mala suerte… ya veremos” 🔴 🔵

Unos días después de la desgracia, Manuel seguía en su casa, junto a sus hijos que ya eran mayores. Estaban todos muy preocupados porque no tenían claro cómo iban a ganarse la vida. Justo en ese momento, escucharon a un caballo relinchando. Al salir de la casa vieron un caballo… era un pura sangre. Todos se pusieron muy contentos, pues vieron que con ese caballo podrían ganarse la vida. Pero Manuel, les dijo a sus hijos… “buena suerte o mala suerte… ya veremos 🔴 🔵

Ellos no entendían muy bien a su padre. ¿Cómo va a ser mala suerte? Dedicaron varios días a preparar un establo para el caballo. Mucho trabajo y esfuerzo y, el día que lo dejaron terminado, el caballo se escapó. Los hijos de Manuel fueron a contárselo: “papá… qué mala suerte, el caballo se ha escapado”. Los hijos estaban muy tristes porque habían invertido el poco dinero que les quedaba en preparar el establo. “¡Qué mala suerte hemos tenido!”, dijo el menor de los hijos. Manuel le miró muy seriamente y le dijo: “buena suerte o mala suerte… ya veremos” 🔵 🔴

Sin que les diera tiempo a salir del asombro de las palabras de su padre, el mayor de los hijos vio por la ventana que aquel caballo volvía, pero no lo hacía solo, venía con toda su familia. Un total de 10 caballos pura sangre que habían vuelto para quedarse a vivir allí… “¡Qué suerte, papá!”, le dijo uno de sus hijos a Manuel.

Pero Manuel, una vez más, pronunció su frase habitual: “buena suerte o mala suerte… ya veremos 🔵 🔴

Pasaron varios meses. El hijo pequeño se fue a vivir con unos tíos de una región cercana, y los dos medianos se casaron y se fueron a vivir a otras aldeas lejanas… Así que se quedó Manuel, con su hijo mayor y con los 10 caballos. Su hijo mayor le decía, “Papá, nos quedamos solos, qué mala suerte…” Y Manuel le contestaba siempre: “buena suerte o mala suerte, ya veremos…”🔵 🔴.

Un buen día, el hijo mayor de Manuel, algo enfadado con su padre porque parecía no importarle que se hubieran marchado todos sus hermanos, estaba dando de comer a los caballos cuando uno de ellos se asustó y comenzó a dar coces y saltos. El hijo de Manuel estaba muy cerca de él. Al final uno de sus brazos y una de sus piernas acabaron rotas. Cuando los vecinos fueron a verle, le decían a Manuel: “¡Cuánto lo sentimos, qué mala suerte!”. Pero Manuel seguía con su respuesta habitual… “Buena suerte o mala suerte… ya veremos” 🔵 🔴.

A las pocas semanas, comenzó una guerra con un país vecino. Un edicto ordenaba que deberían incorporarse al ejército para ir a luchar a la guerra todos los hombres jóvenes no casados. Además, deberían aportar todos los caballos que tuvieran. Cuando los soldados se presentaron en la casa de Manuel, le indicaron que iban a por sus caballos y a por su hijo mayor, el único mayor no casado de todos los suyos. 

Cuando le vieron con un brazo y una pierna rotas, dijeron: “Este chico no puede venir a luchar con nosotros, nos llevaremos sólo los caballos”. Iban a quedarse sin ningún caballo, por lo que el hijo de Manuel le dijo a su padre: “¿Ves?, otra vez mala suerte, primero se van mis hermanos y dices que no es mala suerte, después me hacen esto los caballos y dices que no es mala suerte… ¿dirás lo mismo ahora?” El padre le miró y le respondió: “Querido hijo, buena suerte o mala suerte… ya veremos”. Uno de los soldados estaba atento a la conversación de padre e hijo y le preguntó a Manuel: “¿Acaso ha sido uno de vuestros caballos quien ha hecho esto a su hijo?”Manuel asintió mientras decía… “todos… fueron todos los caballos que se asustaron y comenzaron a golpearle”. En ese momento el soldado salió corriendo para evitar que se los llevaran: “No nos los llevamos, estos caballos están locos y son agresivos, acabarán hiriendo a los demás hombres”. Manuel miró a su padre y le dijo… 🔵 🔴“Buena suerte o mala suerte…. ya veremos”.

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